martes, 26 de junio de 2012

La duración de la vida de las centrales nucleares

Es una perogrullada decir que el primer tipo de incertidumbre de un técnico nuclear es la duración de su instalaciones. La industria nuclear es joven y no siempre se pueden identificar todos los fenómenos que determinan la duración de la vida de una central nuclear. Reemplazar ciertos elementos pesados como la vasija del reactor o cámara de contención es considerado por los expertos como prohibitivo desde el punto de vista económico, hay muchas partes que si pueden ser objeto de una operación de rejuvenecimiento o reemplazamiento que permitan continuar con la explotación de la instalación con una seguridad óptima.

El cálculo económico será quien determine en última instancia la elección de cada una. El ejemplo estadounidense es representativo del esfuerzo de extensión de la vida de las plantas y, más generalmente, la optimización de las herramientas existentes. Unos pocos reactores ya han obtenido la renovación por 20 años de su licencia de explotación por parte del regulador Estados Unidos: la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) ampliando su vida de 40 a 60 años (aunque, por supuesto, los reactores deben cumplir con las normas de seguridad de la NRC). Hay en estudio otras 20 solicitudes de autorización para ampliar su vida.

En 2002, la Comisión de Regulación Nuclear también accedió a un gran número de operaciones de aumento de la potencia de los reactores individuales. Colectivamente, esta operación ha incrementado el capacidad de 22 reactores en 994 MWe en los EE.UU. Japón planeaba disposiciones idénticas.

El parque de generación de energía nuclear a EDF es joven (17 años de promedio). Su renovación no podría llevarse a cabo hasta más allá de 2015-2020. FED ha trabajado con una hipótesis de 40 años de vida mientras que la Autoridad Europea de Seguridad considera un tiempo razonable 30 años y pide ver caso por caso. Extender la vida de la flota actual de las centrales presenta un interés económico evidente según el informe MM. Charpin. Un informe de la dirección de la Previsión hace el mismo pronóstico comparando el coste por kWh de las centrales nucleares cuya vida se prolongaría a 1,2 c_ / kWh,, frente al 2,7 c_ / kWh para nuevas plantas de energía.

La tendencia a maximizar la vida de las plantas existentes también se explica, en un mercado liberalizado de la electricidad, por la natural aversión de las electricas hacia las inversiones a largo plazo. De hecho, se tardan entre 5 a 7 años para construir un reactor nuclear contra 2-3 para una planta de gas. Además, los costes capacidad de inversión kWe son mucho más grandes (aproximadamente 1500 kWe para un reactor contra 300-450 para una central de ciclo combinado de gas natural o carbón en lecho fluidizado circulante).

De esta manera, la inversión de capital de las centrales nucleares representan alrededor del 60% de los costes de producción actuales y solo alcanzan un 20% para las plantas gas. El tiempo para hacer rentable la inversión es mucho más elevada para la nuclear. Es solo a largo plazo cuando se amortiza y por lo tanto es menos resistente a cualquier cambio que cuestione el precio de la energía o la reglamentación. El compromiso de los gobiernos en favor de la energía nuclear en este contexto es un factor capital para su éxito.

La situación:

La mayoría de los operadores de Estados Unidos quiere extender la vida útil de sus reactores más allá de su plazo inicial de 40 años. Es su derecho y eso es comprensible, ya que es en todos los casos menos costoso y mucho menos complicado en términos de los permisos para un instalar un nuevo reactor.

En los Estados Unidos, la autorización funciona con una extensión de la licencia en principio cada 10 años sin límite máximo, a priori, como en Francia. La duración máxima se fija de antemano. La NRC ha tenido que pronunciarse sobre el principio de elevar el límite máximo de 40 años a 60 años, basándose en un examen del reactor. La mitad de los reactores han sido objeto de una solicitud y todos han recibido permiso.

Hay que tener en cuenta que los permisos de la extensión se obtuvieron antes de Fukushima. Habrá que ver el impacto económico de las nuevas mejoras que se impongan a partir de ahora. Y hay que tener en cuenta que si aumentamos las medidas de seguridad disminuye la rentabilidad de las centrales. No se puede proteger de los riesgos al 100%.

Las centrales nucleares de EE.UU. en general están mucho menos estandarizadas y pueden tener problemas del envejecimiento que pueden conducir a dañar su seguridad mucho más rápidamente de lo que los operadores hacen prever.

En resumen: los operadores dicen "queremos seguir", y la NRC "Yo no lo prohíbo por ahora." Se deja abierta la posibilidad de exceder de 40 años, pero que no se comprometen en absoluto a alcanzar los 60 años (nuevo máximo permitido). Otra cosa es si realmente no se compromete la seguridad.

Vivimos en un mundo en que es fácilmente corrompible, las consecuencias de los accidentes no están contempladas, son los llamados costes externos, si fueran tenidos en cuenta no serían rentables.

lunes, 6 de febrero de 2012

OTRA BURBUJA QUE PINCHA: LA AERONAÚTICA



Durante los últimos años hemos visto sembrar de aeropuertos nuestra geografía, la lista es amplia y las inversiones cuantiosísimas. Sin embargo hay estudios que indican que para que los aeropuertos sean rentables deberían distar 600km. y contar con núcleos de población importantes en su entorno. Hay que tener en cuenta que el aire proporciona un 20% menos empleos que el resto de la economía, con lo que esas inversiones en otro sector habrían creado más puestos de trabajo.


Se ha intentado justificar las infraestructuras por el incremento de vuelos y para ello se ha subvencionado con dinero público a las compañías de vuelos baratos. Lo más sangrante es que se han puesto en marcha rutas peninsulares que competían de forma desleal con otros medios de transporte público más sostenibles como el ferrocarril. No existe una planificación de movilidad en nuestro país. La tasa de crecimiento del tráfico aéreo es incompatible con una política de desarrollo sostenible, el aumento de la contaminación que se genera vacía los esfuerzos de otras industrias.

Se han propiciado vuelos a precios ridículos, muy por debajo de su coste real con lo que han creado pozos económicos que deberían cubrir nuestras administraciones con los impuestos de toda la ciudadanía. Y el augero ha alcanzado tal nivel, unido al tirón de orejas que nos hemos llevado de la UE por estas subvenciones no acordes y agravado con el actual nivel de endeudamiento de las administraciones que no han tenido más remedio que dejar caer el sector aeronaútico: la burbuja ha explotado.

El terrible saldo son miles de personas privadas de su puesto de trabajo, procedentes de aeropuertos cerrados y ahora la quiebra de Spanair, una auténtica tragedia para casi 3000 familias. Además de los daños colaterales a quienes esperaban volar a esos precios y que ahora no van a poder hacerlo. Es más lógico subvencionar a las personas por motivos de salud, pero es inmoral hacerlo para el ocio.

El desarrollo del tráfico aéreo ha sido posible sólo porque los impuestos aplicados a esta área son prácticamente inexistentes (ninguno sobre el combustible, tasas reducidas sobre los billetes de avión, y las mencionadas subvenciones a los vuelos baratos) y no se han tenido en cuenta los costes externos. Esto crea efectos económicos perversos y un perjuicio a nuestro medio ambiente. La sustitución del avión por el tren es imperativo sobre todo para vuelos inferiores a 600km.

Hay una clara responsabilidad política en todo ello. Aquellas lluvias trajeron estos lodos.